El Mesón del Ángel
La idea era restaurar las dos plantas del antiguo mesón, con nivel de protección II en el Plan Especial de la Ciudad Antigua, y hacer pisos. Tras retirar la cubierta del inmueble, el promotor paraliza la obra, cuya licencia caducó en 2013.
La concejala de Urbanismo, Ana Franco, anuncia que instará a los propietarios a que conserven el zaguán y las paredes.
Sin el tejado, el deterioro de la construcción se ha agravado de forma considerable en los últimos cinco años, y el solar se ha convertido en un auténtico vertedero.
En 1889 el inmueble se convirtió en la primera sede que tuvo la Comandancia de la Guardia Civil en León, que en 1902 se trasladó a la travesía Don Cayo.
En el Mesón del Ángel hasta principios del siglo XX paraban las diligencias. Había cuadras para descansar y renovar las caballerías.
Tenía la distribución típica de los mesones del siglo XVI y en su ancho zaguán, donde se guardaban las mercancías y se recluían los animales, convenientemente abrevados en el cercano Caño Badillo, también se representaban obras de teatro, como en los célebres corrales de comedias.
Durante las décadas de los setenta y ochenta algunos leoneses, encabezados por el poeta Victoriano Crémer, reclamaron insistentemente a las instituciones que rescataran «de manos de sus ocupantes» y, sobre todo «de sus inevitables depredadores» —según dice literalmente el escritor en una columna publicada en 1979 en este periódico— , «este auténtico bien común, para su conversión en centro histórico, en museo étnico, en escenario abierto a todas las iniciativas artísticas leonesas». Evidentemente, la iniciativa no prosperó.
El ‘mesón de los pollos’
El mesón tenía pintada en la fachada un angelote candoroso, aunque, paradójicamente, los escándalos del interior le ganaron el sobrenombre de ‘mesón de los pollos’. Mientras, en el cercano Mesón del Gallo paraba la arriería seria e incluso se alojaba algún noble, como Carlos Alberto, duque de Saboya y rey de Cerdeña, que se hospedó aquí el día de Pascua de 1849, y luego partió a Oporto, donde murió tres meses después.
El Mesón del Ángel, en cambio, tenía su principal clientela entre buhoneros, campesinos y comediantes que actuaban por las plazas de la ciudad. Los dueños eran una navarra, de nombre Frasquita, y su esposo, un murciano conocido como el Tío Lucas.
Pero…, de dónde le viene a este Mesón enclavado en Serradores y enfrente del
caño Vadillo ese nombre puro y sugestivo del “Ángel”…?



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